
En estos días hemos tenido varias noticias protagonizadas por diversos jueces. Uno, mediático, que ha dedicado un tiempo precioso para acreditar que Franco había muerto. Es probable que el insigne jurista apellidado Garzón no recordara el funeral de Estado, aquél mítico discurso de Arias Navarro anunciando "Españoles, Franco ha muerto" o aquéllas fotos en las que se mostró una crueldad intorelable con el mismo Franco en el momento de su agonía. Es probable que estuviera impartiendo alguna de sus conferencias en el extranjero y ello le impidió enterarse de una noticia nimia como la relatada. Es una pena que ni él ni otros defensores de la libertad (de la libertad políticamente correcta, claro) hubieran procesado al dictador en vida, si éste es considerado responsable de crímenes contra la humanidad. Eso sí que hubiera demostrado coraje...
Otro Juez, inseguro en sus manifestaciones pero militante de sus principios, ha pasado por el banquillo acusado de dificultar una adopción de un niño por la compañera de su mujer. La imagen que ha transmitido en el proceso no inspira una fé ciega en la justicia ni un arrojo sorprendente. La imagen, en este caso, encaja con su apellido (colomita). Al parecer, el mismo juez se sintió violentado por un top less hace muchos años y es probable que no se haya recuperado todavía de aquel shock.
Lo cierto es que los dos miembros del poder judicial han hecho algo parecido: una especie de huelga a la japonesa. Han perdido el tiempo tratando de imponer sus ideas sobre lo que el modesto ordenamiento jurídico les permitía. Tal actitud puede ser sometida a crítica con carácter general, pero de forma especialmente acusada en un momento en el que los retrasos judiciales son escandalosos y suelen traducirse en una denegación de justicia. Si nos dejáramos de tanta moralina y nos preocupáramos de los problemas concretos, es probable que fuéramos más útiles a nuestros conciudadanos, ¿no creen?

1 comentario:
Este titular es lo que se dice, "entrar con efecto". un saludo juanjo
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